El otoño se caracteriza por las variaciones de temperatura, que no sólo afectan a los seres humanos, sino que también nuestros gatos pueden verse afectados con las patologías propias de esta época del año.
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En general los felinos pasan más de la mitad del tiempo adentro de la casa, donde hay una temperatura agradable muy diferente al exterior.
¿Cómo podemos evitar que se enfermen? Primero que todo debemos mantener la higiene, la vacunación y desparasitación externa e interna. La alimentación equilibrada lo va a mantener saludable, por lo que no debemos descuidarnos en este tiempo. Así podrán estar fortalecidos para enfrentar los embates de las bajas temperaturas. Algunos expertos además recomiendan la comida orgánica para complementar su dieta con alimentos frescos, aptos para su organismo.
Una ingesta de calidad permite que su organismo pueda sintetizar sus células y los anticuerpos necesarios para defenderlos de los microbios, en la estación que sea, pero mayoritariamente en el actual y el invierno, donde las primeras barreras de protección de su cuerpo se debilitan por el frío.
Por eso la vacunación es de vital importancia, ya que les permite anticiparse al ataque de bacterias y virus, dando una respuesta mucho más rápida y efectiva.
Los más vulnerables y proclives a enfermarse son los mininos de menos de un año de edad, los ancianos que tienen más de ocho años, gatitos con enfermedades ya detectadas como cáncer, ya que de por sí su enfermedad los mantiene débiles, los gatos no vacunados, ni esterilizados, con hábitos callejeros y en general animales que estén en baja condición corporal u obesidad, en otras palabras mal nutridos.
Con la llegada de las bajas temperaturas, los gatos presentan “gripe felina” (herpes virus felino FHV). Los estornudos, secreciones nasales y oculares, conjuntivitis, pérdida de apetito, desánimo y fiebre son algunos de sus síntomas.
Su recuperación puede tardar varias semanas y algunas veces se mantienen las secuelas, como la rinitis crónica. Es una enfermedad que se propaga fácilmente por contacto físico de un gato hacia otro. Se recomienda la máxima higiene de la ropa de cama y juguetes.
También aumentan los casos de complejo respiratorio felino, que afecta el tracto respiratorio superior y compromete a otras afecciones que pueden suscitarse de forma conjunta o paralela. La rinitis, conjuntivitis, queratitis, úlcera corneales, estomatitis, gingivitis y la hipersalivación, son algunos de los síntomas más comunes.
Este grupo de enfermedades se puede prevenir con la dosis anual de la vacuna triple felina. No obstante, si ya fue expuesto a estos agentes, los gatos pueden tener grandes posibilidades de ser portadores para toda la vida y por eso es importante que un especialista evalúe el tratamiento que hay que seguir.
Los gatos que viven en casas o departamentos pero tienen la costumbre de salir a dar paseos o explorar terrenos aledaños, son los que mayor riesgo tienen de contagiarse, ya sea por el contraste de temperatura, como el contacto con un gato portador de alguna infección. Sin embargo los que nunca salen también pueden tener problemas, en este caso las personas vacunan sólo al principio y después se relajan y no vuelven a vacunar al gato pensando que como está en casa está a salvo, sin pensar que el virus que desencadena la enfermedad respiratoria puede viajar con ellos en ropa o zapatos. Por esto es necesaria la prevención y consulta temprana y estar informados acerca de la tenencia responsable e inteligente.
Si bien no podemos evitar que el gato salga, podemos hacer que la temperatura en el hogar no sea tan dispar a la del exterior y podemos abrigarlos con mantas suaves donde puedan cobijarse. No es muy recomendable ponerles ropa, ya que limitan su movimiento y los puede volver irritables.
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